VARIACIÓN SOBRE UN POEMA DE JAIME GIL DE BIEDMA
Y las cosas volvían al cauce que nunca habían abandonado
JUAN GARCÍA HORTELANO
Cambias tu corte de pelo,
te haces el olvidadizo
cuando encuentras por casualidad
a los amigos de siempre,
-ahora buscas gentes de orden
buenas costumbres y vida reglada-,
y comienzas a beber
licores de extraños sabores
-por supuesto sin alcohol-,
te repites a ti mismo
como si de una letanía se tratara
estonopuedeservoyacambiardevida,
con firmeza crees que esta
vez será la definitiva,
para a las primeras de cambio
volver a frecuentar los bares de siempre,
bebiendo con ensimismamiento
algún vino o ron añejo
que evoca pechos de mulata
y viajes con poco equipaje,
deseando besar con fruición
y minucioso detalle la espalda
de esa veinteañera sentada a tu lado,
y acabar con la tristeza
acariciándote el pecho,
mientras continuas hablando
ya con las primeras luces del día,
de literatura, antiguas amantes,
y todos esos años que pasaron
casi sin advertirlo.
SILENCE IS ALL THAT I HAVE
La luz un poco sucia
de la mañana penetra
por las rendijas de esa persiana
de vieja madera carcomida
que nunca cerró bien del todo.
Ella tiene el rostro apoyado
en la almohada
todavía un poco húmeda:
ha llorado antes de hacer el amor.
Intenta retener el calor
del hombre y el suyo propio,
con tan sólo unas ligeras sábana.
Hace frío. Es noviembre.
A pocos pasos se encuentra
de pie, junto a la ventana,
casi desnudo aún;
observa detenidamente su perfil,
mientras escucha como lee
con voz cansada, pero digna,
un poema que ambos conocen
tal vez demasiado bien.
Y sonríe, un poco, casi no lo advierte.
Ama a ese hombre.
LA ESPIRAL EN LA HOJA
Nos enseñaron la fórmula
del carbonato cálcico,
las gestas del Cid,
leímos los "Milagros de nuestra Señora",
nunca nos hablaron del tacto
húmedo de la piel de una mujer,
ni del tono violáceo de los pezones
de aquellas jóvenes adolescentes,
más tarde estudié Derecho procesal,
pequeños libros rojos de códigos,
decretos, reglamentos, anexos y disposiciones finales,
pero nadie, en ningún momento
habló por un instante siquiera
del peso en mi costado
de todos esos días de dolor,
ni de la oscura fragancia,
negras violetas podridas de la muerte,
aprendí a realizar asientos contables
y enseñé inglés y algo de literatura
a cambio de algunos escasos billetes,
mas nadie mencionó el horror del tiempo
el espanto del lecho vacío,
la inmensa frialdad que abarcan mis manos.


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